Un maravilloso libro que lleva cientos de fotografías para conducir paso a paso al interesado en hacer sus bóvedas de ladrillo, adobe, o ambas a la vez. Es un procedimiento constructivo más económico que la loza de cemento y mucho más bello. Los elogios para este Manual no se hicieron esperar. 

Prólogo

Profesor Hubert Guillaud, CRAterre
Responsable de la cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra

La forma de cúpula (o domo) como cubierta de un espacio circular es probablemente mucho más antigua de lo que podemos suponer, a la luz de los estudios sobre la arquitectura “sabia”. Las investigaciones antropológicas sobre hábitat popular, específicamente sobre construcciones nómadas, han puesto en evidencia que esta forma de cubierta en bóveda pudo haber derivado de una primigenia forma cónica, la cual evolucionó hacia la forma ovoide y posteriormente semicircular. Hacemos aquí referencia a estructuras de madera (ramas de árbol conectadas entre sí en la cima y apoyadas en el piso): cabañas circulares recubiertas de vegetales o entramados de ramas recubiertos de tierra (Maïni, 2003; 2016, 3). Este tipo de hábitat se remontaría a las épocas neolíticas en distintas regiones del mundo. De esta manera, el espacio circular y la « forma » de cúpula han sido desde tiempos inmemoriales una expresión constructiva recurrente en los espacios habitados y constituye una herencia milenaria transmitida por la memoria colectiva.
 
La capacidad de los constructores para realizar las primeras bóvedas y cúpulas en piedra o en adobe se remonta a la antigüedad. Inicialmente, estas fueron las formas más comunes de cobertura de edificios sagrados, principalmente sepulturas. Las tumbas tholoï, de planta circular, fueron descubiertas en la isla de Chipre en el sitio arqueológico de Khirokitia, fechadas en el V milenio antes de nuestra era. Estas tumbas, ¿habrían sido recubiertas con cúpulas en voladizos, o con techos de forma cónica de paja sobre estructura de madera o tal vez con techos planos? 

Las tres hipótesis, todas posibles, han sido largamente confrontadas por los arqueólogos. La hipótesis de cúpula es actualmente la más aceptada, al menos por las construcciones de planta circular (Le Brun, 1989), sin embargo, permanece en debate en el caso de los tholos. En Micenas, antigua Grecia, la tumba del rey Atreo (inicios del s. XIV antes de nuestra era) está cubierta de un domo de piedra en voladizos sucesivos que le otorga una forma cónica. Los estudios del arqueológo francés Roland Besenval (1984) sobre los antiguos modos de construcción en bóveda y cúpula han puesto en evidencia la evolución de estos sistemas de cubierta en las civilizaciones del Antiguo Oriente. Los actuales territorios de Irán e Iraq y las regiones del Asia central, en numerosos sitios, son testimonio de ello. Estas cubiertas en bóvedas y cúpulas fueron construidas, durante siglos, en adobe. En efecto, Besenval sitúa la aparición de las primeras cúpulas en el norte de Iraq, en el sitio de Tell Arpachiyah, sobre un tholos de planta circular, parcialmente enterrado. Sus muros de 25 cm de ancho, fueron construidos en adobe con un aparejo en voladizos sucesivos desde el nivel del piso y conservados hasta una altura de 85 cm (Ibid, vol. 2, Pl. 102). Las cubiertas en bóveda fueron más ampliamente adoptadas en el transcurso del tercer milenio antes de nuestra era. Generalmente, se trata de bóvedas de cañón formadas por arcos consecutivos construidos con ladrillos radiales (como en el sitio de Tell Asmar en Iraq meridional, Ibid, Pl. 62 et 65). Por otra parte, en Egipto, en la ribera oeste del Nilo a la altura de Luxor, podemos observar aún los famosos graneros de Ramses II, cubiertos de bóvedas de adobe de varios tramos edificados según el método de las bóvedas nubianas (sucesión de arcos inclinados de adobe apoyados sobre muros perimetrales). En Irán, en la época elamita (1200 años antes de nuestra era), el palacio hypogea (tumbas) del famoso sitio de Tchoga Zanbil, donde culmina uno de los más bellos zigurat del espacio mesopotámico, demuestra un manejo perfecto de las bóvedas con cimbra, de cañón y de ladrillo cocido, las cuales substituyeron paulatinamente a los adobes. En la era romana, las bóvedas de ladrillo cocido fueron comunmente utilizadas para la edificación de termas y otras obras hidráulicas. En Europa occidental, al término de la era medieval, la arquitectura de las iglesias romanas desarrolló las cubiertas a base de bóvedas de cañón en piedra. En Italia, a partir del Renacimiento, se valorizaron las cubiertas en bóvedas sobre las naves y en cúpula sobre los coros de las iglesias y catedrales, con obras de arquitectos reconocidos (Giotto, Arnolfo di Campo, Francesco Talenti). Estas edificaciones en piedra fueron mayormente construidas sobre cimbras o encofrados. Filippo Brunelleschi diseñó el domo de la Catedral Santa Maria del Fiore de Florencia para que fuese edificado con doble casco de ladrillo cocido sobre una base (o tambor) octogonal, reduciendo así al máximo el uso de andamios. Los sistemas constructivos de ladrillo cocido se desarrollaron notablemente en la arquitectura islámica, más alla de la Hégira (año 622), con la contrucción de las mezquitas y de los edificios con iwanes. En España, las influencias del Islam introdujeron el ladrillo cocido recién a partir de la época almohade, en la segunda mitad del siglo XII. Desde ese entonces, este se impuso en la arquitectura árabe hasta el siglo XV, particularmente en las zonas de influencia de Sevilla y Zaragoza (Aruguas, 2003, 283). Recordemos también que en la arquitectura popular, las cubiertas en bóvedas y cúpulas permanecen asociadas a ciertas tradiciones destacadas como los trulli, en la región italiana de Apulia, hábitat cubierto por domos de piedra laja en voladizos sucesivos, de forma cónica. Estas mismas cúpulas, en su versión con ladrillo cocido, son igualmente notables en Siria (Bendakir, 2008), en el hábitat de la región de Alepo. Hagamos referencia además a las viviendas situadas a proximidad de Asuán, en Egipto, cubiertas por bóvedas nubianas y a las tumbas del cementerio cristiano copto de Al-Bagawat (III – VII siglos antes de nuestra era), en el oasis de Kharga, con sus domos sobre pechinas, los cuales inspiraron directamente la obra arquitectural de Hassan Fathy para el reconocido pueblo de New Gourna (1970) y numerosos proyectos de villas, escuelas, mercados y demás edificios públicos (Steele, 1988).
 
Asimismo, la cultura constructiva de bóvedas y cúpulas, de piedra y de adobe, tiene más de 5000 años de antiguedad y aún trasciende en el tiempo. En la arquitectura pública oficial, estos tipos de cubiertas, gruesas y pesadas, que demandan gran cantidad de mano de obra, han sido progresivamente descartadas para privilegiar técnicas más ligeras, como el ladrillo cocido. Por ello, en la arquitectura popular, son las culturas constructivas de la bóveda catalana o mexicana las que se han impuesto. Cabe mencionar también técnicas más recientes e innovadoras desarrolladas por constructores reconocidos del siglo XX como Eladio Dieste en Uruguay. Sus bóvedas gaussas, sus bóvedas de doble curvatura autoportantes en cerámica armada, sus paredes delgadas de superficies regladas. Así como la obra de Eduardo Torroja en España, o de Félix Candela en México, con sus paraboloides hiperbólicos. El trabajo del arquitecto Ramón Aguirre Morales se inscribe dentro de esta corriente que reúne sabiduría popular y conocimiento académico, tradición e inovación. Con audacia y creatividad, busca revitalizar el lenguaje arquitectónico de las cubiertas de bóvedas y cúpulas de adobe o de ladrillo cocido con otros fines, hoy en día inducidos por la necesidad de un desarrollo local y sostenible frente a la globalización de la industria de la construcción.
 
El libro que propone Ramón Aguirre Morales expresa tanto el deseo de mantener una trayectoria cultural heredada de México –y más ampliamente de América Latina– como la voluntad de revalorizar conocimientos y aptitudes que forman parte de la cultura y de la memoria popular, amenazadas por la presión de la industria de la construcción. A través de su labor, dirigida tanto hacia la vivienda como a los edificios de la esfera pública, busca ofrecer respuestas constructivas accesibles y de simple fabricación para el beneficio del mayor número de personas. El “pensamiento constructivo” de Ramón Aguirre Morales indaga más allá de las cuestiones de relación entre materia, material, espacio, estructura y forma, y lidia con los retos y desafíos de nuestras sociedades enfrentando los peligros que amenazan nuestro planeta Tierra. Al revalorizar los sistemas constructivos en bóvedas y cúpulas sin cimbra, conjugando retos estructurales y formales en un lenguaje simple y claro, Ramón Aguirre Morales nos recuerda también la escala del espacio auto-construido de la vivienda. Anda de la mano con los artesanos de la arquitectura y valorizan juntos la cualidades propias de los materiales locales, el adobe y el ladrillo cocido, sin manierismos estructurales ni estéticos. Su visión generosa se entrega como una ofrenda de todas la herramientas y claves transmisibles, contribuyendo al despertar imprescindible de una misión social, ambiental, económica y cultural para una arquitectura humanista.
Grenoble, 27 de abril de 2016

Bóvedas Mexicanas de Adobe y Ladrillo

$750,00
Sin stock
Bóvedas Mexicanas de Adobe y Ladrillo $750,00
Un maravilloso libro que lleva cientos de fotografías para conducir paso a paso al interesado en hacer sus bóvedas de ladrillo, adobe, o ambas a la vez. Es un procedimiento constructivo más económico que la loza de cemento y mucho más bello. Los elogios para este Manual no se hicieron esperar. 

Prólogo

Profesor Hubert Guillaud, CRAterre
Responsable de la cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra

La forma de cúpula (o domo) como cubierta de un espacio circular es probablemente mucho más antigua de lo que podemos suponer, a la luz de los estudios sobre la arquitectura “sabia”. Las investigaciones antropológicas sobre hábitat popular, específicamente sobre construcciones nómadas, han puesto en evidencia que esta forma de cubierta en bóveda pudo haber derivado de una primigenia forma cónica, la cual evolucionó hacia la forma ovoide y posteriormente semicircular. Hacemos aquí referencia a estructuras de madera (ramas de árbol conectadas entre sí en la cima y apoyadas en el piso): cabañas circulares recubiertas de vegetales o entramados de ramas recubiertos de tierra (Maïni, 2003; 2016, 3). Este tipo de hábitat se remontaría a las épocas neolíticas en distintas regiones del mundo. De esta manera, el espacio circular y la « forma » de cúpula han sido desde tiempos inmemoriales una expresión constructiva recurrente en los espacios habitados y constituye una herencia milenaria transmitida por la memoria colectiva.
 
La capacidad de los constructores para realizar las primeras bóvedas y cúpulas en piedra o en adobe se remonta a la antigüedad. Inicialmente, estas fueron las formas más comunes de cobertura de edificios sagrados, principalmente sepulturas. Las tumbas tholoï, de planta circular, fueron descubiertas en la isla de Chipre en el sitio arqueológico de Khirokitia, fechadas en el V milenio antes de nuestra era. Estas tumbas, ¿habrían sido recubiertas con cúpulas en voladizos, o con techos de forma cónica de paja sobre estructura de madera o tal vez con techos planos? 

Las tres hipótesis, todas posibles, han sido largamente confrontadas por los arqueólogos. La hipótesis de cúpula es actualmente la más aceptada, al menos por las construcciones de planta circular (Le Brun, 1989), sin embargo, permanece en debate en el caso de los tholos. En Micenas, antigua Grecia, la tumba del rey Atreo (inicios del s. XIV antes de nuestra era) está cubierta de un domo de piedra en voladizos sucesivos que le otorga una forma cónica. Los estudios del arqueológo francés Roland Besenval (1984) sobre los antiguos modos de construcción en bóveda y cúpula han puesto en evidencia la evolución de estos sistemas de cubierta en las civilizaciones del Antiguo Oriente. Los actuales territorios de Irán e Iraq y las regiones del Asia central, en numerosos sitios, son testimonio de ello. Estas cubiertas en bóvedas y cúpulas fueron construidas, durante siglos, en adobe. En efecto, Besenval sitúa la aparición de las primeras cúpulas en el norte de Iraq, en el sitio de Tell Arpachiyah, sobre un tholos de planta circular, parcialmente enterrado. Sus muros de 25 cm de ancho, fueron construidos en adobe con un aparejo en voladizos sucesivos desde el nivel del piso y conservados hasta una altura de 85 cm (Ibid, vol. 2, Pl. 102). Las cubiertas en bóveda fueron más ampliamente adoptadas en el transcurso del tercer milenio antes de nuestra era. Generalmente, se trata de bóvedas de cañón formadas por arcos consecutivos construidos con ladrillos radiales (como en el sitio de Tell Asmar en Iraq meridional, Ibid, Pl. 62 et 65). Por otra parte, en Egipto, en la ribera oeste del Nilo a la altura de Luxor, podemos observar aún los famosos graneros de Ramses II, cubiertos de bóvedas de adobe de varios tramos edificados según el método de las bóvedas nubianas (sucesión de arcos inclinados de adobe apoyados sobre muros perimetrales). En Irán, en la época elamita (1200 años antes de nuestra era), el palacio hypogea (tumbas) del famoso sitio de Tchoga Zanbil, donde culmina uno de los más bellos zigurat del espacio mesopotámico, demuestra un manejo perfecto de las bóvedas con cimbra, de cañón y de ladrillo cocido, las cuales substituyeron paulatinamente a los adobes. En la era romana, las bóvedas de ladrillo cocido fueron comunmente utilizadas para la edificación de termas y otras obras hidráulicas. En Europa occidental, al término de la era medieval, la arquitectura de las iglesias romanas desarrolló las cubiertas a base de bóvedas de cañón en piedra. En Italia, a partir del Renacimiento, se valorizaron las cubiertas en bóvedas sobre las naves y en cúpula sobre los coros de las iglesias y catedrales, con obras de arquitectos reconocidos (Giotto, Arnolfo di Campo, Francesco Talenti). Estas edificaciones en piedra fueron mayormente construidas sobre cimbras o encofrados. Filippo Brunelleschi diseñó el domo de la Catedral Santa Maria del Fiore de Florencia para que fuese edificado con doble casco de ladrillo cocido sobre una base (o tambor) octogonal, reduciendo así al máximo el uso de andamios. Los sistemas constructivos de ladrillo cocido se desarrollaron notablemente en la arquitectura islámica, más alla de la Hégira (año 622), con la contrucción de las mezquitas y de los edificios con iwanes. En España, las influencias del Islam introdujeron el ladrillo cocido recién a partir de la época almohade, en la segunda mitad del siglo XII. Desde ese entonces, este se impuso en la arquitectura árabe hasta el siglo XV, particularmente en las zonas de influencia de Sevilla y Zaragoza (Aruguas, 2003, 283). Recordemos también que en la arquitectura popular, las cubiertas en bóvedas y cúpulas permanecen asociadas a ciertas tradiciones destacadas como los trulli, en la región italiana de Apulia, hábitat cubierto por domos de piedra laja en voladizos sucesivos, de forma cónica. Estas mismas cúpulas, en su versión con ladrillo cocido, son igualmente notables en Siria (Bendakir, 2008), en el hábitat de la región de Alepo. Hagamos referencia además a las viviendas situadas a proximidad de Asuán, en Egipto, cubiertas por bóvedas nubianas y a las tumbas del cementerio cristiano copto de Al-Bagawat (III – VII siglos antes de nuestra era), en el oasis de Kharga, con sus domos sobre pechinas, los cuales inspiraron directamente la obra arquitectural de Hassan Fathy para el reconocido pueblo de New Gourna (1970) y numerosos proyectos de villas, escuelas, mercados y demás edificios públicos (Steele, 1988).
 
Asimismo, la cultura constructiva de bóvedas y cúpulas, de piedra y de adobe, tiene más de 5000 años de antiguedad y aún trasciende en el tiempo. En la arquitectura pública oficial, estos tipos de cubiertas, gruesas y pesadas, que demandan gran cantidad de mano de obra, han sido progresivamente descartadas para privilegiar técnicas más ligeras, como el ladrillo cocido. Por ello, en la arquitectura popular, son las culturas constructivas de la bóveda catalana o mexicana las que se han impuesto. Cabe mencionar también técnicas más recientes e innovadoras desarrolladas por constructores reconocidos del siglo XX como Eladio Dieste en Uruguay. Sus bóvedas gaussas, sus bóvedas de doble curvatura autoportantes en cerámica armada, sus paredes delgadas de superficies regladas. Así como la obra de Eduardo Torroja en España, o de Félix Candela en México, con sus paraboloides hiperbólicos. El trabajo del arquitecto Ramón Aguirre Morales se inscribe dentro de esta corriente que reúne sabiduría popular y conocimiento académico, tradición e inovación. Con audacia y creatividad, busca revitalizar el lenguaje arquitectónico de las cubiertas de bóvedas y cúpulas de adobe o de ladrillo cocido con otros fines, hoy en día inducidos por la necesidad de un desarrollo local y sostenible frente a la globalización de la industria de la construcción.
 
El libro que propone Ramón Aguirre Morales expresa tanto el deseo de mantener una trayectoria cultural heredada de México –y más ampliamente de América Latina– como la voluntad de revalorizar conocimientos y aptitudes que forman parte de la cultura y de la memoria popular, amenazadas por la presión de la industria de la construcción. A través de su labor, dirigida tanto hacia la vivienda como a los edificios de la esfera pública, busca ofrecer respuestas constructivas accesibles y de simple fabricación para el beneficio del mayor número de personas. El “pensamiento constructivo” de Ramón Aguirre Morales indaga más allá de las cuestiones de relación entre materia, material, espacio, estructura y forma, y lidia con los retos y desafíos de nuestras sociedades enfrentando los peligros que amenazan nuestro planeta Tierra. Al revalorizar los sistemas constructivos en bóvedas y cúpulas sin cimbra, conjugando retos estructurales y formales en un lenguaje simple y claro, Ramón Aguirre Morales nos recuerda también la escala del espacio auto-construido de la vivienda. Anda de la mano con los artesanos de la arquitectura y valorizan juntos la cualidades propias de los materiales locales, el adobe y el ladrillo cocido, sin manierismos estructurales ni estéticos. Su visión generosa se entrega como una ofrenda de todas la herramientas y claves transmisibles, contribuyendo al despertar imprescindible de una misión social, ambiental, económica y cultural para una arquitectura humanista.
Grenoble, 27 de abril de 2016